Un día en la corte: los tapones y dilaciones del sistema judicial dominicano

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Guillermina García Alcántara es una envejeciente de 80 años que ha demandado al Ministerio de la Vivienda y Edificaciones (Mived) para que le otorgue el título de propiedad de un inmueble en el que ha habitado por unos 30 años. Su proceso se inició en el 2019, pero lejos de concluir, su abogado Milton Prenza cree que le deparan al menos cuatro años más de litigio.

Una historia similar tiene Dionicio Almánzar Acevedo, quien ha accionado una demanda en justiprecio contra el Ministerio de Hacienda, la Dirección General de Bienes Nacionales y la Dirección General de Catastro Nacional porque asegura que no ha percibido la indemnizacióncorrespondiente por unos terrenos de su propiedad que el Estado declaró de utilidad pública hace más de 20 años.

Su abogada, que prefirió que su nombre no sea revelado, estima que, a pesar de llevar más de dos años dirimiendo el conflicto en los tribunales, desafortunadamente no creen que finalicen el proceso hasta antes del 2031.

Por diversas razones, los servicios judiciales en la República Dominicana se enfrentan al histórico problema de la morajudicial, una situación que obliga a las cortes a trabajar a toda capacidad con un cúmulo de expedientes que no se agotan.

«Cuando uno viene a los tribunales se tropieza con que los jueces, por falta de personal y hasta de materiales gastables, se encuentran con un cúmulo de trabajo y no pueden fallar los expedientes«, expresó Prenza.

Aspira a que, en un futuro, los legisladorescontemplen algunas medidas. «Porque en los tribunales, con todas estas medidas de intrusión, se dilatan totalmente los procesos sin menoscabo del debido proceso de ley, de plazos razonables y de la garantía mínima que le asiste a cada uno de los representados para una defensa digna», dijo la representante legal de Almánzar Acevedo.

Un día en la corte

A las 9:20 de la mañana del pasado viernes, la Segunda Sala del TribunalSuperior Administrativo (TSA) inició su jornada de labores con la encomiable tarea de conocer 27 casos en un día.

Los casos de Guillermina y Dionicio fueron parte de la carrera de expedientes que tuvieron que decidir en ese día los magistrados Úrsula Carrasco, Willys de Jesús y María Calderón.

El salón de audiencias se encontraba repleto de juristas que se sumergían entre papeles o teléfonos mientras esperaban su turno de participación para subir al estrado y defender a sus clientes.

 

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